¿Cómo activar esta mejora en tu PC para que vayá más rápido con Windows 11? Usa el perfil de baja latencia




¿Cómo activar esta mejora en tu PC para que vayá más rápido con Windows 11? Usa el perfil de baja latencia

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El ciclo de vida de los ordenadores personales ha cambiado drásticamente en la última década. Si bien en épocas anteriores un equipo con cinco o seis años de antigüedad se consideraba prácticamente obsoleto para las tareas cotidianas, hoy en día el hardware aguanta el tipo de una manera mucho más digna. Sin embargo, la llegada de los sistemas operativos de última generación ha puesto en jaque a millones de configuraciones que, a pesar de ser perfectamente funcionales, sufren para mantener la fluidez que los usuarios exigen. La transición hacia entornos gráficos más complejos, los sistemas de seguridad basados en hardware y la constante carga de procesos en segundo plano han provocado que muchos usuarios experimenten una pérdida notable de velocidad en sus tareas diarias.

La optimización de los sistemas operativos para ordenadores con recursos limitados o componentes de generaciones anteriores ha sido uno de los grandes frentes de batalla en el desarrollo de software moderno. Quienes dieron el salto desde plataformas previas se han topado a menudo con una barrera invisible pero muy molesta: el retardo en las acciones más básicas de la interfaz. La apertura de un simple menú contextual, el despliegue del buscador integrado o la carga de las notificaciones del sistema se convierten a menudo en pequeños tirones que lastran la experiencia de usuario. Esto ocurre de manera muy habitual en configuraciones estándar que cuentan con la cantidad mínima de memoria para funcionar con soltura en entornos profesionales o de navegación.

Para mitigar esta problemática y devolver la agilidad perdida a este tipo de plataformas, se ha desarrollado una estrategia técnica profunda que ataca directamente la gestión de la energía y las frecuencias de trabajo de las unidades centrales de procesamiento. El origen del problema no suele ser la falta de potencia bruta del chip para mover un menú, sino el tiempo que tarda dicho procesador en despertar de su estado de reposo energético para atender una petición inmediata del usuario. Al modificar la forma en que el sistema operativo se comunica con el silicio en esos milisegundos críticos, se abre la puerta a un cambio radical en la percepción de la velocidad.

Esta nueva filosofía de rendimiento se asienta sobre la base de optimizaciones heredadas del sector de la telefonía móvil, donde la eficiencia energética y la respuesta inmediata al tacto deben convivir en un equilibrio perfecto. En los smartphones, los procesadores están diseñados para elevar sus frecuencias de reloj al máximo de manera instantánea ante cualquier interacción en la pantalla, volviendo al estado de mínimo consumo en cuanto la acción termina. Trasladar este concepto a los ordenadores de escritorio y portátiles antiguos ha sido el núcleo de los últimos esfuerzos de ingeniería de software, logrando mitigar el lag estructural sin comprometer la estabilidad térmica de los equipos.

El funcionamiento interno de esta tecnología se basa en la priorización absoluta de los hilos de ejecución relacionados con la interfaz de usuario. Cuando el sistema detecta que se va a realizar una acción interactiva, como pulsar un botón físico o mover el cursor hacia una zona activa de la pantalla, se envía una instrucción de alta prioridad al procesador. Esta orden rompe los estados de ahorro de energía tradicionales de manera mucho más agresiva que los perfiles de rendimiento habituales, asegurando que los núcleos necesarios estén operando a su frecuencia máxima en el instante exacto en que se dibuja el primer píxel de la nueva ventana.

Los beneficios de este cambio de paradigma técnico se aprecian con especial intensidad en aquellos ordenadores que sufren el denominado cuello de botella de la memoria de acceso aleatorio. Un equipo que dispone de una cantidad ajustada de memoria tiende a delegar muchas de sus funciones en el archivo de paginación del disco, lo que ralentiza enormemente los tiempos de respuesta si el procesador tampoco responde con la máxima celeridad. Al garantizar que la CPU procese los comandos de la interfaz sin el más mínimo retraso, el impacto visual de esa falta de memoria se reduce significativamente, ofreciendo una sensación de fluidez constante que recuerda a la de los sistemas recién instalados.

Las pruebas de rendimiento realizadas en entornos controlados con hardware de hace varias generaciones demuestran que el impacto de estas optimizaciones no es meramente teórico. Equipos que integran procesadores de gama de entrada lanzados al mercado hace cerca de diez años muestran mejoras sustanciales en los tiempos de respuesta de los elementos más críticos del escritorio. El lapso temporal que transcurre desde que el usuario realiza una acción hasta que la respuesta visual se completa en la pantalla se reduce de forma drástica, transformando por completo la experiencia diaria con herramientas de ofimática, navegadores web y utilidades del sistema.

Uno de los aspectos más destacados de esta implementación técnica es su nulo impacto en el desgaste general del hardware. Existía el temor entre la comunidad de usuarios de que forzar picos de frecuencia tan repentinos en procesadores antiguos pudiera elevar de forma peligrosa las temperaturas internas o disparar el consumo eléctrico de los portátiles. Sin embargo, las mediciones demuestran que al tratarse de ráfagas temporales extremadamente cortas, el balance térmico permanece inalterado. El chip recibe la energía justa para acelerar la tarea inmediata y regresa a su estado de reposo antes de que el calor generado llegue a acumularse en el disipador.

La integración de estas mejoras se realiza a través de las cadenas de actualización regulares del sistema operativo, permitiendo que la base global de usuarios se beneficie de ellas de forma paulatina. No obstante, los mecanismos de distribución selectiva hacen que estas funciones permanezcan latentes en muchos equipos hasta que los análisis de telemetría confirmen su total compatibilidad con cada arquitectura de hardware específica. Esto significa que un porcentaje elevado de ordenadores ya cuenta con las líneas de código necesarias dentro de su almacenamiento local, a la espera de recibir la instrucción definitiva para comenzar a aplicarlas en el día a día.

Para los entusiastas de la informática y los usuarios avanzados que no desean esperar a los plazos marcados por las distribuciones generales, existen herramientas externas y comandos de consola que permiten forzar la activación de estas características ocultas. Este proceso requiere interactuar con las librerías de funciones del sistema a través de la interfaz de comandos con privilegios de administración. Al introducir los identificadores específicos asignados a estas optimizaciones de baja latencia, el sistema operativo reconfigura sus parámetros de gestión de energía para desbloquear de inmediato el comportamiento de alto rendimiento en la interfaz.

La verificación del correcto funcionamiento de este perfil de baja latencia se puede llevar a cabo mediante el uso de utilidades de monitorización de hardware de terceros. Estas aplicaciones son capaces de registrar en tiempo real los cambios de frecuencia de cada núcleo del procesador con una precisión de milisegundos. Al observar las gráficas de rendimiento mientras se interactúa de forma repetida con los menús del sistema, el usuario puede constatar la presencia de esos picos de actividad ultracortos que caracterizan al nuevo perfil de gestión energética, confirmando que la optimización está plenamente operativa en su máquina.

Este tipo de iniciativas demuestra que el desarrollo de software moderno no solo debe centrarse en aprovechar las capacidades de las últimas arquitecturas de silicio, sino también en optimizar el rendimiento de la gigantesca base de hardware ya existente en todo el mundo. La eficiencia energética, la reducción de los tiempos de respuesta y la extensión de la vida útil de los ordenadores personales son pilares fundamentales para lograr un ecosistema tecnológico más sostenible. Al eliminar el lag de la interfaz en los equipos más antiguos, se reduce la necesidad percibida de sustituir el hardware de forma prematura, beneficiando tanto al bolsillo del usuario como al medio ambiente.

El impacto a largo plazo de estas políticas de optimización podría redefinir los requisitos mínimos reales que los usuarios demandan de sus ordenadores para el trabajo diario. Un sistema operativo capaz de mantenerse ágil y responsivo en hardware modesto elimina la frustración asociada a la ralentización informática, permitiendo que empresas y particulares estiren la amortización de sus inversiones tecnológicas. El futuro de la informática de consumo pasa por exprimir cada ciclo de reloj disponible a través de una ingeniería de software inteligente y adaptada a las necesidades reales de interacción humana.

Bueno pues Microsoft ha hecho algo bien el la última actualización a la hora de optimizar ordenadores antiguos o no tan antiguos con Windows 11.

¿Cómo activar esta mejora en tu PC para que vayá más rápido con Windows 11? Usa el perfil de baja latencia

El nuevo Perfil de Baja Latencia integrado en Windows 11 ha cambiado las reglas del juego para los ordenadores más antiguos o con recursos ajustados (como aquellos con 8 GB de RAM). Esta función modifica la gestión de energía de la CPU para que responda de forma instantánea al abrir menús o aplicaciones, eliminando por completo ese pequeño retraso o lag visual tan molesto.

Para activar y disfrutar de esta mejora de rendimiento en tu equipo de forma manual, sigue este tutorial paso a paso.

Requisito previo: Instalar la actualización KB5094126

El Perfil de Baja Latencia requiere el código base introducido en la actualización de junio de 2026.

  1. Ve a Configuración en tu ordenador (puedes usar el atajo de teclado Windows + I).
  2. En el menú lateral izquierdo, haz clic sobre Windows Update.
  3. Pulsa en el botón Buscar actualizaciones.
  4. Asegúrate de que el sistema descargue e instale todos los paquetes pendientes. Debes comprobar en el historial de actualizaciones que cuentas con la compilación KB5094126 o una posterior.
  5. Si el sistema te lo solicita, reinicia el equipo para completar la instalación de los parches de seguridad y rendimiento.

Paso 1: Forzar la activación con ViVeTool

En las versiones más recientes como Windows 11, Microsoft suele introducir las nuevas características de forma gradual. Dado que Microsoft despliega estas funciones de manera progresiva mediante configuración de servidor, es muy probable que, aunque tengas la actualización instalada, la mejora siga oculta. Para forzar su activación utilizaremos la herramienta de código abierto ViVeTool.

Se trata de una herramienta de código abierto que funciona en la línea de comandos que interactúa directamente con el mecanismo de gestión de características de Windows. En pocas palabras, se trata de un método para que los usuarios fuercen la activación de estas funciones ocultas que ya están presentes en el código del sistema operativo, pero que Microsoft mantiene desactivadas por defecto

  1. Accede al repositorio oficial de ViVeTool en GitHub y descarga la última versión disponible 0.3.4 (habitualmente un archivo comprimido en formato .zip). Si lo quieres para procesadores Intel o Amd https://github.com/thebookisclosed/ViVe/releases/download/v0.3.4/ViVeTool-v0.3.4-IntelAmd.zip y si lo quieres para procesadores ARM SnapDragon ViVeTool-v0.3.4-SnapdragonArm64.zip
  2. Abre el archivo descargado y extrae todo su contenido directamente en la raíz de tu disco principal, concretamente en la ruta C:\ViVeTool. Es fundamental que sea esta ruta para facilitar los siguientes comandos.
  3. Haz clic en el botón de Inicio de Windows, escribe cmd o Símbolo del sistema, haz clic derecho sobre el icono y selecciona Ejecutar como administrador.
  4. En la ventana de la consola que se acaba de abrir, introduce el siguiente comando para situarte en la carpeta de la aplicación y pulsa Enter:

    DOS

    cd C:\ViVeTool
    
  5. Una vez dentro de la ruta, ejecuta el comando específico que desbloquea el ID del Perfil de Baja Latencia:

    DOS

    vivetool /enable /id:58989092
    
  6. Si el proceso ha sido correcto, la consola mostrará un mensaje indicando que la configuración se aplicó con éxito (Successfully set feature configuration).
  7. Reinicia tu ordenador para que el sistema operativo procese el cambio en el arranque.

Paso 2: Verificar el funcionamiento con HWiNFO

Para comprobar de forma real que el procesador está reaccionando con ráfagas de máxima velocidad al interactuar con la interfaz de usuario, utilizaremos el monitor de hardware HWiNFO.

  1. Descarga e instala la versión gratuita de HWiNFO (la versión Portable también es válida si no deseas instalar nada).
  2. Ejecuta la aplicación y selecciona la opción de iniciar en modo Sensors-only (Solo sensores) para desplegar la lista de telemetría en tiempo real.
  3. Desplázate hacia abajo en la lista de componentes hasta encontrar el apartado dedicado a tu procesador (CPU), localizando las líneas que muestran las Frecuencias de los Núcleos (Core Clocks).
  4. Mantén la ventana de HWiNFO visible en un lado de la pantalla. En el espacio libre, comienza a hacer clic repetidamente en el Menú Inicio, abre el Buscador de Windows o despliega el Panel de Notificaciones.
  5. Observa las gráficas o los valores máximos de las frecuencias de tu CPU en HWiNFO: notarás cómo cada vez que abres uno de estos elementos de la interfaz, las frecuencias de los núcleos experimentan un pico instantáneo hacia su velocidad máxima durante uno o dos segundos, regresando de inmediato a su estado de reposo térmico. Esto confirmará que el Perfil de Baja Latencia está actuando correctamente.

Espero que os guste este pequeño truco y tutorial de ¿Cómo activar esta mejora en tu PC para que vayá más rápido con Windows 11? Usa el perfil de baja latencia.

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