«Asura’s Wrath», los semidioses deben estar locos



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Así que «Asura», ¿eh? Veamos, por un lado está la versión culta, la que hace referencia a la zona proleta de la planta noble del budismo, los semidioses de andar por casa, equivalente a los titanes de la Antigua Grecia. Sagrados pero entrañables, regios pero campechanos, un poco como nuestros Borbones, ejem. Y, por otro, está la versión coloquial, el «no te asures» que nos decían las abuelas cuando nos entraba el nervio y el baile de San Vito ante las evaluaciones de sexto de básica, por ejemplo. Por tanto, tenemos serena semidivinidad y llamamiento a la calma. Y, casual/causalmente, o no, por ahí van los tiros de este espídico, amangado y bastante irresistible juego llamado «Asura’s Wrath», que nada más enchufarlo, y en sus primeras y eléctricas fases, me recordó a un gran clásico de las recreativas, «Space Harrier», juego totalmente revolucionario para su época (1985) consistente en un tipo que, levitando en primer plano, despachaba con su láser a una serie de entes inenarrables (desde un golem robótico hasta un mamut cíclope, ¿pero qué tabaco gastaban en aquella época los programadores?) que llegaban desde el no menos psicodélico horizonte gracias a una sensacional sensación de 3D. Brutal, bello. Y, aquí, tenemos que hacer más o menos lo mismo, batirnos el cobre contra extraños enemigos cósmicos casi lovecraftianos y vainas caníbales tapizadas en cuarzo rosa.

Un despiporre cuajado de cinemática que nos despliega la alfombra roja de este juego salido del combo entre Capcom y CyberConnect 2: una coctelera de géneros y épocas donde cabe desde la mitología parda de los «Siete Generales Guardianes» de Shinkoku hasta el matamarcianos clásico con jefe final farruco y planetario. Todo, con mucha furia corrupia, ira milenaria y hasta viñetas anime que van hilando los diferentes capítulos y niveles de una aventura tremendamente pop y que bebe de cien fuentes, desde «Dragon Ball» a «God of war», pasando por «Naruto», «R-Type» o, cómo no, «God Hand». O, lo que es lo mismo, acción radiactiva con ojos en blanco y cielos inflamados. Un puñetazo-masaje en la boca del estómago frenético, contundente y tan visto y no visto que casi no le da tiempo a resultar repetitivo. Lo ideal para hacer tiempo hasta que empiece el partido de los rookies o el concurso de mates este finde… Y con música de Dvorak de fondo, si puede ser.

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