Primer cuaderno de VITAcora



Categorías: Juegos
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Viernes noche. Calle Serrano, cogollito. Las camas de madera noble empiezan a acunar a los traseros aristocráticos de los señorones de la casa mientras que, a la altura del número 12, una luz de firme azul groenlandés nos da las largas. Lugar concreto: el Sony Store. «Paraqué»: Ágape de presentación de la PS Vita. Algunos ya la tienen más que probada, manoseada y acariciada. El menda no, así que, resignado a no cobrar horas extras por salirme de mis 35 semanales, allá que vamos. Dejando atrás la aséptica y minimalista planta baja de la tienda, nos adentramos en las siempres prometedoras catacumbas del sótano, atestadas, oscuras (que no tenebrosas) y con las codiciadas piezas convenientemente amarradas a sus expositores (también hay algunas sueltas, pero vigiladas atentamente por sonrientes y solícitos azafatos y azafatas por si las moscas). Como ya sabemos, la PS Vita es a la PS3 lo que la PSP a la PS2. Eso, a grandes y perogrullescos rasgos. Porque, naturalmente, posee un buen número de galones adicionales: pantalla táctil LiveArea, touchpad trasero, dos palancas analógicas, realidad aumentada (en su versión 3G), GPS, Wi-Fi, doble cámara para detección de rostro y cabeza… Y todo ello, con peso ligero y diseño intachable, aunque de momento solo vista de luto. Pasemos a la acera que interesa realmente: el software. Empezando por el título franquicia de la consola: «Uncharted: El Abismo de Oro», un perfecto cofre para ir descubriendo los prodigios de la Vita, desde las posibilidades táctiles hasta el control dual con las palanquitas, sin olvidar, cómo no, los espectaculares escenarios, que lucen con luz propia en la pantalla. Quizá haya algunos fallos en cuento a movimiento y acción, y el argumento tampoco es de los más memorables de la saga, pero para ir entrando en contacto y gustirrinín, no hay juego más perfecto. Ni siquiera «WipEout 2048», franquicia que vuelve a cumplir el entrañable papel de ser el cicerone de una nueva criatura de Sony.

Mientras se formaba una cola estratosférica en Sony Store para el rancho humeante de hamburguesas y perritos calientes, seguíamos toqueteando gustosamente la estrella de la noche y sus «actores secundarios»: uno de minijuegos burbujeantes y espídicos («Little Deviants»), carreras locas, locas («ModNation Racers: Road Trip»), uno de dardos, uno de lucha no menos mochales y con abundante personalización («Reality Fighters», de los españoles Novarama), el no menos clásico y simpaticón «Everybody’s golf»… Una interesante batería, aunque los pesos pesados aún estén calentando banquillo, que no es cosa de poner todos los ases en el primerísimo tapete. Aunque, a partir del miércoles, cuando salga a la venta, la avalancha va a ser buena. Una bolsita, una camiseta y a la rúe, que la Puerta de Alcalá ya estaba bostezando por quintuplicado, que es lo suyo. Seguiremos informando, evidentemente.

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