«The Elder Scrolls V: Skyrim», la bestia del reino



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Ni «Modern Warfare 3» ni gaitas: estos últimas días, el título al mejor juego (con permiso de «Uncharted 3») se lo lleva de calle «Skyrim», la nueva obra maestra cocinada en el caldero mágico de Bethesda y que le da un vuelco prácticamente definitivo al filón de la fantasía guerrera, que tantas tardes y noches de gloria nos ha proporcionado.

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La cosa parece sencilla, combinar aventura conversacional con hazañas épicas contra enemigos fabulosos, más o menos lo que se ha venido haciendo en el tablero de rol desde la época de «Dragones y Mazmorras», pero aquí el reto se ha elevado a categoría de arte, con todas las características del género y también algún «vicio» (¿es necesario que el editor de personajes contemple hasta el ángulo de las cejas o el color de cada pómulo, sobre todo en el caso poco lucido de los orcos o en algunas otras razas lagarteranas?). Mejor que sobre que no que falte, naturalmente, y en cuestión de inmensidad «Skyrim» da el do de pecho: 150 mazmorras para recorrer; dragones, zombis, mamuts, guerreros, brujos, osos y lobos salvajes… ¿hemos dicho dragones? Pues lo repetimos porque aquí las bestias aladas son realmente escalofriantes, tanto en su acechante entrada en escena como en su atronador combate cuerpo a cuerpo (bastante potenciado en esta entrega, ya que casi era el único punto no débil sino mejorable). El término «exploración» se queda corto para resumir las casi infinitas posibilidades de aventura que nos esperan en un mundo gélido pero al rojo vivo, con personajes que van evolucionando desde su primitiva personalidad de prisioneros y que nos ofrecen una madurez en conexión con su entorno natural muy poco vista en la historia de esta industria. Considerando la ambición e inmensidad de esta empresa, se perdonan los fallos de carga de textura en la versión Xbox 360, que tampoco son para tanto, ya que lo hemos probado generosamente en esta plataforma durante estos días (aunque el juego da para perderse en él durante un mes, o de aquí a Nochevieja). En definitiva, un paso en firme de la saga respecto de su ya memorable «Oblivion» y la consagración definitiva de una saga que arrancó motores allá por el 94.

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