«Rayman Origins»: menos conejos y más polvos mágicos



Categorías: Juegos
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Seamos sinceros, ¿a que ya estábamos un poco hasta la coronilla de la superpoblación conejil y espídica en la que se estaba convirtiendo la saga «Rayman» desde que el spin-off «Rabbids» se apropió de la franquicia hace unos cuantos años? Que lo poco gusta y lo mucho cansa. Así que, cuando en el penúltimo E3 supimos de la existencia de un nuevo título con el que Ubisoft pensaba hacer flashback hacia uno de sus pilares históricos (recordemos que la serie debutó allá por el 95 en la legendaria, por semi-maldita, Atari Jaguar), la expectación se disparó. Y, después de haber echado unas cuantas partidas y recorrido unos cuantos mundos y escenarios, la verdad es que la idea ha sido de las de «eureka» y vuelta al ruedo. Lo primero que llama la atención de «Rayman Origins» es su exquisito diseño, a capas finas como un carpaccio de puro arte y fina pluma de seda. A continuación, naturalmente, tenemos su genuino espíritu plataformero 2D, con nuestro héroe «desmembrado» brincando y recorriendo un puñado de niveles ingeniosamente dispuestos y que recuerdan a «Little Big Planet» con un aire al País de las Maravillas. Manos para agarrarnos y balancearnos, ojos que guiñan el paso de un escenario a otro, pasajes submarinos abisales, palomitas cantarinas, plantas carnívoras, oscuras burbujas reventonas, tesoros encofrados bajo siete llaves, hadas con picaruelo aire pin-up, sabios recién salidos del casting de «La vida de Brian»… Una amalgama de caminos sorprendentes y con el humor gamberrete característico de nuestro zangolotino héroe. Todo un acierto la maniobra de Michael Ancel y su pequeño estudio de Montpellier en el que, como el laboratorio de un alquimista, han fabricado esta pieza de orfebrería jugona que puede convertirse en el sleeper del último tramo de 2011 y abrir una nueva vía para este icono del sector. Y es que pocas cosas hay tan bellas como el scroll horizontal… En este meollo, se entiende.

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