“UFC Undisputed 3”: hasta en el cielo del paladar

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Hace unos cuantos años, queridos niños, existía en el sector periodístico-jugón una “asignatura maría” por excelencia: los videojuegos de lucha libre y similares. Era salir uno al mercado y ponerse a mirar todos los redactores a las nubes silbando a Vivaldi para que no les cayera el marrón de analizar concienzudamente el titulito en cuestión. El prejuicio, y la bestia negra, se cayó de golpe gracias a la más que adecuada progresión de la serie “Smackdown vs Raw”, que lanzó el subgénero a unos niveles nunca vistos de calidad y, sobre todo, de ventas. Ahora, con la buena fama encarrilada, THQ se propone darle una inyección de espinacas a su otra franquicia de contacto predilecta, “UFC”, que también ha experimentado numerosos vaivenes y mestizajes. Y el resultado de tales maniobras es “UFC Undisputed 3”, último grito y puñetazo en las artes marciales mixtas (MMA), disciplina que, desde luego, tiene poco que ver con el circense y estrepitoso espectáculo del “pressing catch”, como se decía en los tiempos siniestros y noventeros de Telecinco. Aquí cada bofetón, rodillazo, patada y presa duele en nuestras propias carnes, y cada gota de sangre, sudor y seguramente lágrimas se siente como propia. La verdad es que servidor es de la vieja escuela pugilística (de hecho, uno de mis hightlights del año pasado fue fotografiarme justo debajo de la banderola que homenajeaba el mítico Ali-Frazer del 71 en el vestíbulo del Madison, como se puede ver en el Facebook del blog), pero hay que quitarse el sombrero ante la calidad y el nivel de detalle alcanzado en este título.

Sobre todo, por su nómina de 150 gladiadores, incluyendo las nuevas divisiones de peso pluma y gallo, cada uno de ellos reproducidos fielmente, tanto sus características físicas como “pegadoras”. Se notan los dos años largos de trabajo invertidos en el juego a la hora de pulir movimientos, simplificar los controles y añadir un plus de velocidad y fiereza en cada acción sobre la lona. Sobre todo velocidad, porque algunos muchachotes parecen auténticos pumas al lanzarse contra su rival. Diversos modos de juego, desde el habitual carrera o el mejorado Pride hasta los entrenamientos y tutoriales, altas dosis de personalización y edición de personajes, numerosas escenas cinemáticas, mucho showtime periférico y un mimo online (y de participación a través de redes sociales) muy a tener en cuenta harán que del octógono salten chispas de pura testosterona. Algunos echarán en falta el sistema de control de antaño, y otros tal vez un juego que haga justicia a la lucha canaria. Pero ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos. Lo cierto es que el título es un “must” para los aficionados y seguramente el mejor en su rama. Segundos fuera y al lío, digo al combate.

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